Hola!

Queremos presentaros algunos de los ganadores del concurso de ACTUA.

Aquí está el ganador de la viñeta de más de 16 años:

El Desencuentro, de Alberto Pérez Cabello:

Categoría Adulto: Guardiana de sus Recuerdos, Rocío Díaz Gómez

Una anciana acercaba despacio un humeante plato a la mesa, intentando no derramarlo. Al mismo tiempo su hijo llegaba corriendo a la cocina, tras oír que le llamaban para comer:

—¡Venga hijo! ¿Dónde estabas?  ¿Otra vez enviciado con tus dibujos?

—¿Con los dibujos? No, que va mama, estaba, estaba…  No sé.

—No importa hijo, ya estás aquí, se enfría la comida y la sopa fría no sabe a nada.

Mientras se sentaba, la anciana con sus artríticos dedos revolvió su pelo con una caricia antigua. Con inmensa ternura peinó las suaves canas que clareaban el escaso pelo de su hijo.

—Mamá… ¿Podré salir luego al jardín?

—¿Al jardín, hijo? Mejor ves una película ¿no? o lees tus libros.

—No mamá, ya no llueve, mejor al jardín ¿Puedo…? ¡anda! Seguro que me vienen a buscar… Solo un ratito…

—Bueeeno mi vida, pero sin pasar de la verja, ya sabes que luego si sales a la calle te pierdes…

—Sí mamá… vale, hasta la verja.

Y mientras él acercaba la cuchara a su boca, la madre rozó con delicadeza la frente de su hijo, siguiendo cuidadosamente las arrugas que sus 65 años, dos meses y trece días habían ido arando sobre su piel. Caminos profundos pero cortos como la memoria de su niño. Aquel niño a quién una remota operación, que pretendía curarle la epilepsia, le amputó la memoria para siempre. Desde aquel triste día su presente resbala como pez de entre las manos. Y los recientes recuerdos naufragan en aquellas aguas transparentes a las que quedó reducida su memoria.

Su niño canoso permanece en 1953. Su reloj se paró. Y aún tiene 10 años aunque vista pantalón largo. 10 años, aunque por su piel hayan resbalado las lluvias de casi 66 inviernos. Por eso espera cada tarde que sus amigos lleguen con sus bocadillos a buscarle. Lleguen para salir a jugar al balón. Pero no llegan nunca. A esas horas andan ya preparando la merienda de sus primeros nietos. La anciana nunca pensó que podría cuidarle durante tanto tiempo. Ya ni se acuerda desde cuándo cuenta, tanto su edad como la de su hijo, en años, meses y días, a sabiendas de que cada hora trae el regalo de velar por él. Aún así hace tiempo que reservó plaza en una residencia de ancianos. Y cada primero de mes, sin falta, llama por si ha cambiado el personal para explicarles la situación: “Perdóneme que sea tan pesada, pero él no es como los demás, él no es más que un niño de 65 años, dos meses y trece días sí, pero un niño…”

– Antonio hijo… No juegues con el tomate… Si ya terminaste, venga, sal un rato al jardín…

– ¿Al jardín…?- Sí, mi vida, ¿no querías ir…?”

-¿Yo…? -contesta él- No lo recuerdo…

– Claro mi niño, pero para eso estoy yo, para eso está tu madre, para recordártelo…

Categoría Juvenil: La cuenta atrás, de Miguel Rodríguez Rico

Quedaban diez segundos, era la cuenta atrás. El calor se sentía y las gotas de sudor resbalaban por todo el cuerpo. Ya no quedaba nada para que acabase este sufrimiento que había empezado hacía un par de minutos. Tan solo cinco segundos restan ya. El ambiente está muy caldeado y el calor es insoportable. Pero ya termina, tres, dos, uno, piiiii. Los fideos suspiran aliviados, la sopa ya está lista.